18.6.09

La Suite del Nómada

Esta transmutación comienza como todas las demás: con duda.

Nuestra búsqueda se volvió el instinto.

Vagamos como ciegos dando tumbos por el acertijo inextinguible del mundo,
tropezando con nuestras propias sombras, enclaustrados en la paranoia.

Hicimos de nuestro miedo un ídolo, lo sacamos del caos de lo desconocido y lo adoramos como un dios.

Buscamos en la antinomia del espacio, en el revés del tiempo, donde localizar nuestro ritmo específico para entonar un arpegio de olas que evoce esta desesperación contenida, el bramos enloquecido por la angustia individual de ser uno y no llegar a nada y no fundirse con la nada.

Para escapar del enigma insondable, astro de luz furtiva y delincuente, probamos todas las convinaciones, hasta sobresaturaros la realidad de posibles, hasta perdernos en el laberinto de nuestra propia decadencia imperceptible.

Elevando cada vez más alto la estructura de nuestra prótesis orgánica: el pensamiento, construimos barrotes para que toda evasión fuese plausible.

Nosotros, los otros, los desorbitados, los inaceptables, traemos ahoa un lenguaje diferente.

Proclamamos que la búsqueda es el encuentro.

En el trayecto de la línea al punto, de la palabra al silencio, hemos descubierto el nodo en que converge la arena de todos los mundos, la materia de todos los sueños: nuestro cuerpo.

Solo hacía falta negar los límites de la afirmación, hacerl aprofunda y expansiva, para soltarnos las amarras y saltar de la comodidad desvencijada del cotidiano permitido al lado afuera.

Seguimos buscando, el camino se recrea a cada paso.

Cada partícula del universo nos revela su brillo único e irrepetible.

Nos declaramos aprendices del código con el que abren las puerta del infinito.

Todas las cosas tienen su propia lengua y cantan.

Un ardor errabundo nos empuja al movimiento, es esta fogata que llevamos en el pecho.

El viaje como reencarnación de lo trascendental.

Cada estación tiene un mensaje, una pista para dibujar la dirección del vuelo: acrecentamos la escucha.

No era dios, ni la verdad absoluta: abandonamos las muletas.

El tránsito va de la sensación a la idea, de la imaginación a la composición de la materia: nuestras alas estan moldeadas por la sustancia del vacío.

Dandole forma al sentido inefable corregimos y reconfiguramos simultáneamente nuestra composición anímica: tal es la lógica del infinito.

Nos revelamos contra el principio de no contradicción para hacer comunicable la esencia.

Seguimos desarticulando el pensamiento encapsulador y totalitario que nos aisla, nos infecta.

Transmutamos con la virtud de una crisálida, en un algo onírico y fluorescente para ensanchar el espacio interno hasta lo incognoscible.

Unificamos nuestras fuerzas en contra del hombre enlatado, a favor del animal humano: imaginario por naturaleza.

1 comentarios:

Blissett dijo...

he descubierto cuál es nuestra lengua, cantamos?

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